Fluir

Ana María López Ramón

 Socióloga

 Universidad de Antioquia

Cuando el espejo habla es necesario escuchar. Las decepciones amorosas traen consigo algo mejor: un encuentro con el ser que perdimos en la batalla por conquistar al otro, por complacer al otro.

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Es necesario entender que cuando decidimos acompañar nuestra soledad, mucho de lo que somos empieza a esfumarse, el afán de ser nuestra mejor versión con ese que promete amarnos se convierte en nuestro mejor reto cada día. Pero qué pasa cuando las promesas se rompen y el encanto termina igual que aquella taza de café frío y sin azúcar… ¿?

Es tiempo de desempañar el espejo y dejar el amor a flote para quien lo quiera recibir: nosotros mismos. Es urgente entender que nos necesitamos cada día, que a gritos pedimos escuchar esas cosas que le decimos al otro, ponernos un vestido lindo sólo porque queremos y regalarnos flores un miércoles en la mañana.

También es lindo salir a cenar a ese restaurante donde el mesero coquetea y sirven el mejor pollo en salsa, tomar una copa de vino y quedar con tus amigas para ir por ahí a especular del clima, del Gobierno o de los corazones rotos. Un día de sol, una caja de dulces, ir al gimnasio a deleitar la vista, por supuesto a entrenar y comer un rico postre, son cosas que necesitamos hacer más seguido.

Nosotras. Basta de esperar que él nos abra la puerta, nos invite a cenar y nos diga que estamos hermosas, que nos escriba primero y recuerde todos los detalles que se nos antoja.

Ellos. Basta de inventar cosas solamente por tener sexo, de decir mentiras para ser más atractivo y menos agrio, de cambiar de idea con la rapidez del día y de olvidar los pantalones cuando logramos desnudarlos.

Nos hemos convertido en un torbellino de emociones que se activa con facilidad, crea, recrea y destruye todo a su paso. Nos hemos olvidado de sentir y de reírnos a gritos cuando algo nos divierte, de usar ese escote provocativo de vez en cuando y mirarnos al espejo en las mañanas y gustarnos más que el chico de la esquina. Nos hemos olvidado de mirar hacia adentro y de usar las alas y volar tan alto como fuese necesario, éstas también olvidan como moverse y lo mejor es que se pueden perder con facilidad, y ese siempre será el mejor camino para encontrarnos.

A veces hay que hacer un alto, empacar lo necesario y salir a explorar el mundo, caminar, respirar campo y acunarnos en nuestro interior;  mecernos como las olas y fluir con tal intensidad que nos confundamos con el mar.

Cuando el espejo grita es necesario dejar de insistir y empezar a escuchar.

 

 

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