Me puse en los zapatos de una Vendedora de quesos en Piendamó

Me puse en los zapatos de una vendedora de quesos con bocadillo, utilicé dos días para conocer un poco sobre esta labor, en uno de los días decidí quedarme sentada en un local vendiendo el producto y el otro me puse en la tarea de ayudar a mi mamá vendiendo en los buses que pasan por el peaje de Tunia vía a Cali Valle del Cauca.

Por: Carolina Sayes- Estudiante de Comunicación Social -FUP

Crecer con familia que no comparta tus genes, es crecer sabiendo que nunca vas a estar solo y ser vendedor ambulante no es deshonra, es intentar salir del mal estado económico al que te enfrentes y no elegir la vida fácil, aunque muchos decidan escogerla.

A diferencia de trabajos de oficina, trabajos titulados o hasta ser dueño y administrar un local no se compara al trabajo que estas personas ejercen, sea que las miren como si no fueran importantes para la sociedad, estas personas también tienen voz y voto.

Estamos en una sociedad en la que si no tienes un título no vales, si no tienes una buena posición económica y social mucho menos; pero es aquí donde una pequeña familia empieza a emerger.

Cuando me dejaron este trabajo en la universidad sobre escoger una actividad que generé ingreso la cual no fuera titulada, solo pensé en “diablos qué voy hacer” solo que no me di cuenta que la respuesta la tenía en mi familia, ellas, las vendedoras de queso y bocadillo.

En muchas ocasiones solo iba a La Estación de Piendamó Cauca, pueblo donde nací y crecí, donde llegan las busetas que se dirigen a Mondomo, Pescador, Santander y todos los lugares por los cuales pasan los conductores cuando van hacia la ciudad de Cali; conductores que nos traen a los compradores.

Bueno en esas ocasiones solo iba a sentarme hablar con todas las señoras que trabajan ahí, señoras de las cuales orgullosamente puedo decir son unas tías, primas, y hasta tengo una abuela.

Estas mujeres empezaron desde muy jóvenes a trabajar en La Estación al igual que mi mamá una de las tantas mujeres luchadoras que le ha tocado trabajar muy duro para que hoy por lo menos yo esté haciendo este trabajo sobre ella y todas sus compañeras.

Es admirable como de la nada muchas de ellas también hoy pueden contar con una casa propia, con una moto o con un carro, la verdad todo está en cómo manejes tus ingresos monetarios y lo mucho que tienes que sacrificar para esto.

Pero bueno para quienes no saben que es queso con bocadillo, es como un pequeño pasa bocas que trae dulce hecho de guayaba, con una porción de queso el cual pasa por un proceso a base de leche de vaca, hay varios tipos de queso, pero los que se comercializan más son el queso salado y la cuajada que tiene una textura un poco diferente, pero ambos tienen un proceso similar, pero es básicamente eso “queso con bocadillo”.

Siempre que iba a la estación a recochar y hablar con todas ellas era solo eso, no me daba cuenta como tenían que guerreársela para llevar un bocado de comida a sus casas, era increíble como ellas podían en ese momento estar cansadas y estresadas por sus problemas personales y aun así sonreír de una manera que te hacía pensar con solo verlas que estaban en su mejor momento, que ya los problemas no existían, pero la realidad era más compleja que solo sentarme a verlas reír.

Vender, para muchos es una palabra común que tiene un significado como todas, pero sentirla es muy diferente, es llegar cansado a casa a la hora que puedas terminar todo lo que invertiste para vender, porque en este trabajo es un constante circulo de invertir y vender diariamente, si en el día no recuperas por lo menos lo que invertiste ya es una perdida a diferencia de otros trabajos; que si en un día no hubo producción por lo menos al día siguiente tienes una oportunidad de hacerlo mejor.

Antes de hacer este ejercicio obviamente sabía que era muy duro, pues el solo ver como mi mamá llegaba a la casa se notaba que quedaba rendida, y bueno queda porque aún vive y aun trabaja como vendedora ambulante, ella dice que “es un trabajo que le ha dado muchísimas cosas y agradece tener este trabajo y no estar por ahí haciendo cosas malas”.

Mi gran familia de La Estación, es una familia especial, es donde tu sientes el dolor de una tía, de un primo, como tuyo, es ver que si la mayoría de jóvenes están por mal camino a uno le afecta, porque son con quienes creciste, con los que jugaste al escondite, la lleva, stop y muchos otros juegos, son con los que compartías mientras las mamás estaban trabajando, nos cuidábamos unos a los otros y lastimosamente haber tenido que perder a algunos de ellos es más que doloroso, es cuando sientes que todo se desmorona y cuando volteas a ver te das cuenta que somos menos de los que empezamos y que no vamos a durar para siempre, Igual “somos una gran familia.”

Separé este trabajo en dos días para ver los dos de los lados de lo que es ser vendedor, uno de ellos fue sentarme en un local de La Estación a vender lonjas (dulce de guayaba), minutos, jugos y aquí viene el hecho de sentarte a esperar a que lleguen los clientes, lo que es muy diferente a ir detrás de los carros, a enfrentarse a una leve competencia de vender primero el producto; pues sí que hay competencia entre todas mis tías, pero todas tienen derecho a vender.

No menosprecio ningún trabajo, todos tienen su grado de dificultad y todos los trabajos son estresantes, pero acá te enfrentas con varias personas de diferentes gustos. En este trabajo puedes conocer a muchas personas, ver muchos rostros y solo pocos de ellos te van a marcar, están los que nunca vas a olvidar porque te trataron muy mal y a los que tampoco vas a olvidar porque te trataron muy bien.

Mi segundo día fue en el peaje de Tunia vía a Cali, donde los carros paran a pagar por el acceso de vía y de verdad aguantarse el sol cuanto está en su punto máximo es muy duro, correr atrás de los buses mientras avanza la cola y la manera como tienes que ser completamente ágil en el momento de entregar el producto, recibir el dinero y dar cambio, todo a la vez es supremamente agotador.

La diferencia de las vendedoras de La Estación a las del peaje, es que por los menos en La Estación los buses paran unos 15 minutos a recoger pasajeros, en el peaje no suelen tener ni más de 5 minutos para hacer todo a la vez, todo es un contante trabajo que debilita mucho a las trabajadoras y trabadores porque es bueno tener en cuenta que también hay hombres que forman parte de estas asociaciones, que tiene reglas y que no todos pueden llegar a formar el desorden que para todos ellos es todo muy estresante como para tener que encontrarse con personas que las trate mal es peor y espero que con este escrito la gente sienta y comprenda que todos somos una comunidad a la cual debemos respetar y no menospreciar.

Tuve que encontrarme con una señora que me habló como si no le fuera a devolver el dinero de cambio y entre estas hay casos diversos de los cuales mi mamá me ha contado. Uno de los días que llegaba a casa del trabajo nos contó como un señor golpeaba a su pareja contra el volante del automóvil, decidió no meterse porque después podría tener problemas en la asociación a la que pertenece.

Después de esta experiencia, es bueno tener en cuenta que todos somos importantes, sea que estemos bajo el techo de una oficina o bajo el ardiente sol del mediodía, hay que aprender a ser humildes y no menospreciar a las personas pese a la labor en la que se desempeñe. Valorar mucho el esfuerzo de nuestra familia y en especial de nuestros padres que son los que más la sudan para vernos bien.

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