El comienzo del fin

Por: Eduard Esteban Quintana Molina, estudiante de Comunicación Social FUP

Desde que el hombre hizo presencia en la tierra, su mayor inquietud ha sido el bienestar.
En la época arcaica el hombre vio la necesidad de construir herramientas rudimentarias, es
decir, de piedra para la agricultura; y armas para la caza de animales.
La vida del hombre siempre ha sido una lucha y reto continuos. En el principio, los escasos
conocimientos primarios iban direccionados hacía la supervivencia de las tribus. Entonces el mundo en que habita el hombre lo ha
condicionado a crear dentro de sí estrategias, astucias, argucias e inventos en beneficio
propio como por ejemplo, perfeccionar el arte, la escritura, la música, la ciencia, la
tecnología, la medicina etc.

A medida que los seres humanos van creciendo en conocimientos se vuelven más
individualistas. En su afán de desarrollo y progreso han convertido a sus
congéneres en enemigos implacables en competidores. Los inventos de la humanidad
aunque están a servicio de la misma se convertirán en la propia destruccion del hombre;
prácticamente la vida humana por mano propia es proclive a la destrucción y a la extinción.
Ha sido una constante el dominio ejercido por el hombre a través de las conquistas, de la
colonización que, en cierta manera, han llevado a una simbiosis de desarrollo, en la técnica y
en el mejoramiento parcial de los pueblos. Se puede destacar el invento de la rueda como el
más importante, porque puso a girar el mundo. Sin la rueda no hubiera sido posible la
electrificación, las máquinas, el teléfono, la radio, la internet y sus plataformas.

La imaginación del hombre, que de por sí es muy grande nos permite afirmar que va en
contra de su propia estabilidad personal, familiar, económica, y principalmente espiritual.
Cuando lleguemos a la teletransportación que es trasponer los cuerpos de un sitio a otro, es
decir, de un punto cualquiera a otra parte del mundo en cuestión de segundos se perderá
todo el control gubernamental y político. Esto implica que viajaremos a la velocidad del
sonido, no habrá necesidad de la aviación, de la internet. La comunicación será de persona
a persona violando todo el principio de fronteras y leyes.

Llegará el momento en que el hombre pierda todo secreto, pues la mente se podrá leer
mediante dispositivos electrónicos o digitales. Entonces, si los estados o gobiernos
colapsarán, la humanidad declinará y se acercará el caos. En conclusión, será el fin.

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