
La icónica Torre del Reloj de Popayán, símbolo del centro histórico de la ciudad, permanece cubierta por una lona mientras avanza un proceso de restauración motivado por su deterioro estructural. La intervención, aunque altera temporalmente la imagen turística del lugar, busca preservar uno de los patrimonios más representativos de la capital caucana.

¿Sabías que? la Torre del Reloj fue construida aproximadamente con 90.000 ladrillos y diseñada por el obispo Cristóbal Bernardo de Quiroz entre los años 1673 y 1682. El reloj es de origen inglés, fue instalado en 1737, convirtiéndose en uno de los íconos arquitectónicos más importantes de la denominada «Ciudad Blanca».
Créditos: Tatiana Molina – Torre del Reloj
En el corazón del centro histórico de Popayán donde las fachadas blancas y las calles empedradas conservan la memoria de otros siglos, una lona blanca irrumpe en el paisaje habitual. No se trata de un elemento menor: cubre la torre del reloj, uno de los símbolos más reconocidos de la ciudad blanca y punto de referencia para locales y visitantes.
La escena sorprende a quienes llegan por primera vez. Algunos turistas se detienen, miran hacia arriba y dudan. Otros levantan el celular con la intención de capturar un recuerdo del monumento, pero descubren que la imagen esperada no está. En su lugar aparece una superficie lisa que oculta temporalmente uno de los iconos más retratados de Popayán.
Conocida como la “Ciudad Blanca”, Popayán ha construido buena parte de su identidad al rededor de la permanencia de su arquitectura colonial, sus tradiciones religiosas y su valor patrimonial. En ese entramado simbólico, la Torre del Reloj ocupa un lugar central; no sólo marca las horas, también ha acompañado encuentros, despedidas y la rutina diaria de generaciones enteras. Un viaje al pasado: antes de que el tiempo pasará factura.

Dato curioso: Inicialmente el reloj tuvo una característica muy peculiar en como representó el número 4 en las manecillas del reloj. Al principio tenía 4 barritas (IIII), con el paso del tiempo se modifico por el número romano IV manteniéndose hasta la actualidad.
Créditos: Tripadvisor – Torre del Reloj
Sin embargo, el paso del tiempo dejó huellas visibles en sus estructuras. La humedad, el desgaste natural de los materiales, las condiciones ambientales encendieron las alertas sobre su estado de conservación. Informes técnicos recientes señalaron afectaciones que hacían necesaria una intervención urgente para evitar daños mayores.

Hecho interesante: Después del terremoto que ocurrió en Popayán el 31 de marzo de 1983, dejó de funcionar el emblemático reloj y desde entonces no se volvió a contemplar el giro de las manecillas, dejando un vacío y un silencio que agobio en cada segundo que transcurría a los payaneses.
Créditos: El Payanes Press – Terremoto (1983)
La decisión fue cubrirla mientras avanzan las obras de restauración. La lona protege el monumento y permite desarrollar trabajos especializados, aunque también modifica la experiencia visual del centro histórico. Para muchos visitantes, la postal de la ciudad luce incompleta; para otros, la ausencia momentánea invita a reflexionar sobre la fragilidad del patrimonio.
Detrás de esa lona no hay desaparición sino cuidado. Restaurar implica intervenir hoy para garantizar que la historia continúe mañana. Es una pausa necesaria frente al deterioro inevitable que producen los años.

Créditos: Tatiana Molina
Entre tanto, la vida en Popayán sigue su curso, las calles continúan llenándose de transeúntes, los balcones conservan su silencio antiguo y las procesiones de semana santa mantienen su solemnidad. La ciudad no se detiene pero si se transforma en los detalles.
Cuando la lona desaparezca la torre del reloj volverá a imponerse en el paisaje urbano que se adornara con hermosos atardeceres. Y quizá ya no será vista únicamente como una imagen cotidiana sino como un símbolo recuperado gracias a la decisión de no dejar que le tiempo la borre.



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