Rioblanco, territorio sagrado y templo biodiverso de la cultura Yanacona

Por: Katherine Castañeda Romero, Comunicadora Social
Fotos/Corporación Mixta de Turismo

Recorrer el sur del Cauca es un privilegio por la riqueza de su diversidad. El gran Macizo Colombiano sorprende por la imponencia de sus montañas y lo inimaginable de la naturaleza.

Si vas en transporte público alcanzas a ver rápidamente paisajes que te cautivan, pero sí realizas el viaje en transporte particular te das la oportunidad de hacer pares para maravillarte con varios kilómetros de vistas verdes, agua cristalina y espectaculares formaciones de rocas.

La naturaleza te atrapa y te sumerge en un mundo de paz y tranquilidad. Así es la llegada al Resguardo Indígena Yanacona de Rioblanco, en el extremo sur del municipio de Sotará, en la parte norte del corazón del gran Macizo Andino Colombiano, con un clima frío, donde predomina el páramo.

Las quebradas y los picos del territorio Yanacona hacen de este territorio un lugar valioso en recursos naturales y espirituales. Y sí que es espiritual, por cada paso que se avanza, es como si el corazón descansara y la mente estuviera en blanco solo admirando lo que está al frente.

El Cañón de Guachicono y el Cerro Punturku son referentes de visita. El gran cañón de Guachicono está a una altura aproximada de 1.925 msnm, y está conformado por una cadena de zanjas profundas con algunas paredes rocosas escarpadas y verticales; es el resultado de la erosión del río Guachicono con la creación de colosales precipicios entre ambas orillas.

Cerro del Osowaico

Esta cadena montañosa se compone de diferentes sitios sagrados para la cultura ancestral Yanacona, entre ellos, el Cerro del Osowaico y el Cerro Punturku, además de estar irrigado por diferentes cuerpos sagrados de agua, entre los más importantes; la cascada La Alazana y El Auka, la quebrada de Osowaico y el río Guachicono de donde este cañón recibe su nombre.

Al llegar a la Cascada La Alazana con una altura de más de 200 metros, donde falleció según la tradición oral, una mujer de cabello alazán o rojizo, propios y visitantes caminan cerca de 2 km. para recibir el agua pura que choca con el suelo para renovarse de nuevas energías.

La cascada baña a la impresionante montaña del sector de la Pradera ubicada en la misma vereda; su procedencia inicia desde las faldas del Volcán Sotará, especialmente desde el sector Peña Rayada, nutriéndose de pequeñas quebradas, lagunas y ojos de agua en su transcurrir hasta su desembocadura que finaliza en el río Guachicono, para más adelante contribuir y darle forma al río Patía.

Se siente paz en este recorrido. La sensación de que el mundo es más divertido al lado de la naturaleza y de los sonidos únicos que solo ella emana, hacen reencontrarse con uno mismo en un espacio de tranquilidad, belleza y libertad.

Cerro La Quinquina

Ya en el casco urbano de Rioblanco, con 6.200 habitantes aproximadamente, pequeño y tranquilo, donde hay normas muy propias de la comunidad Yanacona, está el Cerro La Quinquina, nombre que inspira una de las tradicionales cafeterías del centro de Popayán. Cuentan los mayores de este territorio, que aquí se origina la leyenda de La Quinquina y la aparición de una gallina y unos pollos de oro en épocas de Semana Santa. Su nombre se da porque anteriormente, el cerro estaba cubierto de una inmensa capa de árboles y en grupos muy amplios, el ave La Quinquina sobrevolaba y tenía como hábitat este lugar.

Su estratégica posición lo hace único porque está dentro del pueblo y es de fácil acceso; en su parte alta permite divisar el Gran Cañón de Guachicono, el casco urbano de Rioblanco, el cerro de La Patena, El Volcán Sotará, entre otros, pero también, es un lugar sagrado donde se realizan rituales de limpieza y armonización.

Su cúspide además de ser un espacio para la celebración de rituales y armonizaciones, tiene una cruz de concreto y otras de madera, así como una escultura que promueve la observación del cosmos.

En articulación con las asociaciones internas como Akuntur se puede explorar el resguardo indígena de Rioblanco, Sotará

Desde las montañas se vive una experiencia inolvidable, pero lo mejor no para aquí. Tras una caminata de más de tres horas al suroccidente del Rioblanco se llega a un lugar caracterizado por la presencia de aguas termales, provenientes del volcán Sotará, las cuales confluyen y generan un choque térmico con aguas del río Guachicono.

Aquí, hay cuatro pozos que se utilizan para la recreación. Es el único lugar dentro del corazón del Macizo Colombiano, donde se canalizan aguas térmicas de manera natural, haciéndolas apetecidas para propios y extraños en cuanto a su valor medicinal y recreacional.

Los mayores de la zona dicen que sus antepasados defendieron este territorio de una explotación minera de sal, usando su ingenio por medio de la minga (trabajo comunitario) y canalizaron las aguas para crear un derrumbo que borro el lugar donde se pensaba hacer dicho aprovechamiento.

El agua caliente purifica el cuerpo y controla las emociones, un buen baño en los pozos ayudan a relajar el alma y la mente.

Viajar a Rioblanco es un plan único para quien disfruten de la naturaleza y la tranquilidad, una verdadera joya que se destaca dentro del ecoturismo del departamento del Cauca.

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