Habiendo podido elegir la avenida circunvalar, el conductor de Didi eligió subir por la colapsada calle quinta. Mi reloj marcaba las 6:40 y según pronosticaba el tráfico, ya estaba a solo 15 minutos de mi destino, La Cinemateca de la Tertulia.
Me apresuré a revisar las redes sociales del “Foro de Educación La Tercera Orilla” mientras confirmaba lo que el tráfico ya había vaticinado, que llegaría tarde a la apertura del último día de los foros.
Ya transcurría entonces la mitad de la conferencia “Sanar las emociones a través del Arte”, presidida por el periodista y divulgador de arte español Pablo Ortiz de Zárate. Me conecté a la transmisión, pero me fue imposible continuarla, pues al cabo de 5 minutos, sorprendentemente, ya me encontraba frente a mi destino. El conductor de alguna manera había resuelto escurrirse entre el tráfico de 6 de la tarde del oeste de Cali y me dejó en mi destino al menos 5 minutos antes de lo previsto.
A diferencia de los anteriores días, esta vez los alrededores del museo estaban más concurridos. A un costado, un grupo de personas improvisaba y gozaba vallenatos coordinados por un brioso acordeón. En otro rincón, un par de jóvenes se esmeraban en decorar unos lienzos con las más coloridas pinturas, y en medio de la cinemateca y el museo vislumbré a las dos personas que motivaron en un principio mi visita a estos espacios.
Solitarios, sosegados, uno cargando una tote bag y la otra sosteniendo un cigarrillo a terminar, esperaban parsimoniosamente el pasar del reloj para entrar al teatro y presidir el siguiente foro. Los distinguí instintivamente por su naturaleza de observadores, separados de las actividades natas del lugar, y en especial por la sobria elegancia con la que vestía la ex ministra de Culturas un vestido marrón de cuadros y tonos cálidos.
Con una emoción inocultable, saludé con efusiva naturalidad a Juan David Correa y a Yannai Kadamani, ambos ex ministros de las Culturas, las Artes y los Saberes. De Juan David Correa escuché por primera vez hace dos años, cuando siendo ministro entró al debate público la propuesta de declarar al Monumento de la Resistencia como bien de interés cultural. Al escuchar su argumentación basado en un amplio acervo de investigaciones y ensayos, desarrollé un profundo interés en esta persona como referente intelectual y de opinión. Tiempo después, Juan David Correa renunciaría al ministerio por las crisis de gabinete que tuvo el gobierno Petro a causa de figuras como Armando Benedetti. Esto llevaría a que el ministerio de culturas fuera sucedido por Yannai Kadamani, cuya trayectoria artística y estilo de escritura en columnas y artículos cautivó también con detalle mi atención.

Después de una efímera y amena charla, los dejé para entrar en la cinemateca y así poder escuchar los últimos minutos del foro presidido por el periodista español.
Reconocí de inmediato en el publico las caras de varios concurrentes que habían estado presentes los días anteriores. Entre los más destacados estaban la talentosa española Vanesa Muela, quien días atrás nos había enseñado unos fantásticos ritmos y cantos musicales compuestos con instrumentos de cocina. También destacaban Lilia Colina, Carlos Ortegón y Raúl Numerao Gonzales quienes representaban lo mejor de la música de los llanos orientales, y por supuesto, los primeros en presentarse durante el foro de educación; la cultora venezolana Belkys Beatriz Figueroa, Zully Murillo y Maritza Bonilla junto con su talentoso equipo del “Ensamble B11” una talentosa agrupación venezolana que ha revolucionado la música afro con su estilo único de beatbox.
Quisiera decir que en el público abundábamos más los jóvenes, pero éramos apenas un puñado dentro del lugar. Abundaban entonces muchos hombres y mujeres, conversadores y oyentes reunidos por el mutuo interés de profundizar con efimeridad diálogos sobre pinturas, música, canciones, fotografías, poesía, pero por sobre todo, la paz.
Este foro de educación permitió la cercanía y el encuentro de muchos talentos. Con la misma efimeridad y efusividad con que conversé con Kadamani y Correa, pude acercarme respectivamente y al final de sus presentaciones al fotógrafo Federico Ríos y al escritor León Valencia, este último tuvo la gentileza de firmarme un ejemplar de su reciente libro “Iván Cepeda : Una vida contra el olvido” con un afectuoso mensaje, libro que posee también ya una dedicatoria del senador.
Durante el foro la mayoría de los presentes optábamos por grabar con nuestros celulares algunos momentos de las intervenciones que suscitaban más nuestro interés, desde los discursos hasta los cantos españoles, los raps venezolanos, y los bellos poemas de los llanos. En contraste a nuestra moderna forma de capturar esos momentos, llamó particularmente mi atención un señor que todos los días asistió y junto con su esfero negro, esmeradamente anotó todo lo que pudo en unas hojas que posteriormente guardaría en su enigmática carpeta de cartón. Este señor de barba de chivo, bigote y sombrero artesanal observó con los ojos y el carisma de un niño todas las presentaciones. Se dejó llevar por el humor de sus presentadores y enseñó en repetidas ocasiones su más entrañable sonrisa y su curiosidad más honesta.

En estos 3 días del foro sobraban las sillas vacías, pero así mismo sobraba el interés y el encanto de todos los asistentes.
Sobraba la curiosidad y sobraba la intriga. Infortunadamente, no nos sobraba el tiempo. Esto mismo lo entendió y transmitió Juan David Correa, quien, siendo el último moderador del último diálogo del foro a las 8 de la noche, finalizó diciendo:
“La pantalla dice que nuestro tiempo ha terminado; yo creo que nuestro tiempo no ha hecho más que comenzar, porque es el tiempo de las culturas, las artes y los saberes. Si hay alguna resistencia, persistencia y esperanza radical posible, está en cada uno de nosotras y nosotros, todos somos portadores de derechos culturales porque vivimos, nacemos y morimos en la cultura y la cultura es lo único que va a quedar cuando esta sala esté ocupada por otras y otros personajes que ya no seamos nosotros, buenas noches y gracias.”