Una historia de identidad, resistencia y emprendimiento cultural en Tierradentro, Cauca.
Hay historias que se cuentan con palabras y otras que se aprenden a leer entre hilos. Historias que no están escritas en libros, pero que permanecen en un sombrero, en una mochila, en una ruana o en un collar elaborado con las manos de una madre. En Tierradentro, cada tejido puede ser una forma de recordar de dónde venimos, de mantener viva una identidad y de resistir al olvido. Allí, entre colores, formas y saberes heredados, Ewa Art encontró una manera de contar lo que sus territorios tienen para decir.

Su creadora habla de este emprendimiento sin separar lo que hace de lo que es. Cuando presenta su tienda artesanal, no se limita a describir un negocio ni a enumerar los productos que ofrece. Habla de su gente, de sus raíces y de la posibilidad de demostrar que las comunidades indígenas también pueden construir empresa sin tener que desprenderse de aquello que las hace únicas.
“Para nosotros no solamente son un producto, sino es una manera de mostrar resistencia”, expresa. En esa frase parece caber todo lo que representa Ewa Art. No se trata únicamente de vender una artesanía, sino de abrir una puerta para que otros conozcan las expresiones culturales de sus territorios y comprendan que detrás de cada creación existe una historia que merece ser escuchada.
En sus palabras, los objetos adquieren otro sentido. El sombrero deja de ser solamente un sombrero y el collar deja de ser una pieza que adorna el cuerpo. Cada uno guarda una parte de la memoria de quienes lo elaboran y de quienes lo llevan consigo. Por eso, cuando habla de su sombrero, su voz se llena del significado que tiene para ella pertenecer al pueblo Nasa.
Más allá de lo que vemos
“Para mí mi sombrero también es mi fuerza, es mi identidad, es la resistencia y es el orgullo de pertenecer al pueblo Nasa”, cuenta. No necesita explicar demasiado después de decirlo. Hay objetos que se llevan puestos y otros que se llevan por dentro. Para ella, ese sombrero pertenece a los dos mundos.
También está el collar que lleva consigo, una pieza elaborada por su madre, quien comparte su identidad indígena Nasa y también es artesana. Ella crea collares, guetanderas, mochilas y chumbes, pero aquel collar tiene un lugar distinto en el corazón de su hija. No solamente por su elaboración, sino porque fue hecho con las manos de alguien que forma parte de su propia historia.
“Este collar tiene un significado muy especial porque me lo elaboró ella con sus bellas manos”, recuerda. En ese detalle aparece una de las imágenes más cercanas de esta historia. Una madre que crea y una hija que lleva consigo algo de ese trabajo. Un conocimiento que pasa de unas manos a otras y que encuentra en los objetos una manera de permanecer.
Quizás por eso resulta difícil hablar de artesanías sin hablar del tiempo. Antes de que una pieza llegue a una tienda, alguien tuvo que imaginarla, conseguir los materiales, trabajar cada detalle y dedicarle las horas necesarias hasta verla terminada. El resultado puede parecer sencillo ante los ojos de quien lo observa por primera vez, pero su elaboración exige paciencia, dedicación y un trabajo que muchas veces involucra a familias enteras.
La fundadora de Ewa Art conoce esa realidad y por eso le incomoda que el valor de una artesanía se mida únicamente por su precio. Hay quienes comparan una pieza hecha a mano con un producto industrial y consideran que la primera es demasiado costosa porque han encontrado algo parecido por menos dinero. En esa comparación desaparecen los días de trabajo, las trasnochadas y los conocimientos que no pueden medirse solamente en una etiqueta.
“Es más bien entrar a preguntarnos detrás de esa elaboración cuánto es el tiempo que se dedica para poder tener al final una artesanía bella, hermosa”, reflexiona.
Una historia hecha de viñetas

La pregunta queda abierta para quien compra. Cuánto tiempo hay detrás de aquello que parece tan pequeño. Cuántas veces hubo que repetir un detalle. Cuánto conocimiento se necesita para convertir materiales en una pieza que lleva consigo una expresión cultural. Cuánto del esfuerzo de una comunidad se pierde cuando alguien decide que no vale lo que cuesta.
A esa dificultad se suma otra realidad. No siempre los artesanos pueden comercializar directamente sus creaciones y, en ocasiones, aparecen intermediarios que terminan afectando el reconocimiento económico de su trabajo. Las manos que elaboran las piezas no siempre son las mismas que deciden dónde se venden ni las que reciben el valor justo por ellas.
Ewa Art nació también para abrir un camino frente a esa situación. Su intención es acercar las artesanías a otros públicos y comercializarlas por el valor que sus creadores consideran justo. La tienda funciona como ese puente entre quienes producen desde sus territorios y quienes tienen la oportunidad de conocer y adquirir sus creaciones.
Pero hay algo que su fundadora considera todavía más importante que la compra. Es la posibilidad de comprender lo que se está llevando una persona cuando elige una artesanía. Porque una pieza puede gustar por sus colores, por su diseño o por la manera en que está elaborada, pero quedarse solamente en su apariencia significa perderse una parte esencial de su significado.
En ocasiones, explica, ciertos símbolos importantes para los pueblos indígenas se utilizan como simples elementos decorativos, sin conocer su historia ni respetar aquello que representan. La cultura corre entonces el riesgo de convertirse en un adorno, separada de las personas que la mantienen viva.
Por eso, desde Ewa Art, la invitación es a detenerse un momento antes de comprar. A preguntar. A escuchar. A reconocer que una artesanía no comienza cuando llega a las manos de quien la adquiere, sino mucho antes, en los conocimientos, las experiencias y las tradiciones que hacen posible su existencia.
“Cada que vayan a adquirir una artesanía, preguntar la historia que hay detrás de ella”, recomienda.
Es una invitación que parece pequeña, pero puede cambiar la manera de mirar. Preguntar por el origen de una pieza es darle espacio a la voz de quien la hizo. Es permitir que el objeto deje de ser anónimo y que su historia encuentre a alguien dispuesto a escucharla. Es comprender que el valor cultural no siempre se ve a simple vista, pero permanece en cada detalle.
Esa misma idea acompaña su mensaje a los jóvenes. Su deseo es que las nuevas generaciones descubran que las raíces no son una carga de la que deban desprenderse para avanzar. Que la identidad no tiene por qué quedarse atrás cuando aparecen nuevas oportunidades. Que es posible crear, innovar y emprender desde los conocimientos propios, sin renunciar a lo aprendido de los abuelos y las abuelas.
En su voz aparece una invitación a dejar de mirar el origen con vergüenza y empezar a reconocerlo como una fortaleza. Ella cree que en los territorios existe un potencial enorme, aunque muchas veces los miedos impidan verlo. Por eso insiste en la importancia de crear caminos para que los artesanos y las artesanas puedan comercializar dignamente sus productos y para que los jóvenes encuentren en sus propias comunidades motivos para seguir construyendo.
Desde 2021, Ewa Art ha sido parte de ese intento por convertir una idea en una realidad. Su creadora reconoce que el recorrido ha tenido caídas, aprendizajes y momentos difíciles, pero también oportunidades para levantarse y continuar. La experiencia le ha enseñado a resistir, una palabra que atraviesa tanto su historia personal como el sentido que le atribuye a las artesanías de su pueblo.
Detalles que merecen ser observados

EWAK ART se ha ido tejiendo para visibilizar y fortalecer las economías propias de los territorios indígenas.
Con el tiempo, el emprendimiento ha comenzado a explorar otros caminos. A las artesanías se han sumado propuestas textiles y ropa con identidad, mientras permanece el deseo de seguir creando y mostrando la riqueza que existe en sus territorios. Su propósito es que las comunidades indígenas no sean reconocidas únicamente por los conflictos con los que tantas veces se las relaciona, sino también por sus emprendimientos, sus conocimientos, sus economías sostenibles y las iniciativas que buscan crecer y apoyar a las familias.
Al escucharla, Ewa Art deja de ser solamente el nombre de una tienda. Se convierte en una manera de abrir espacio a esas historias que necesitan circular para no quedarse encerradas en el lugar donde nacieron. Es una forma de demostrar que emprender también puede ser un acto de memoria y que innovar no significa abandonar lo propio, sino encontrar nuevas maneras de compartirlo.
Quizás el verdadero sentido de esta historia esté en aquel collar que su madre elaboró con sus manos y que ella lleva consigo. Una pieza que pudo quedarse en un objeto más, pero que guarda un vínculo familiar, una identidad y un significado que ninguna etiqueta podría explicar por completo.
Algo parecido ocurre con cada artesanía que sale de Tierradentro. Se lleva una parte del trabajo de quien la hizo y una expresión cultural que merece ser comprendida. Por eso, antes de preguntar cuánto cuesta, vale la pena preguntar qué historia guarda. Antes de comparar su precio, vale la pena reconocer el tiempo que tomó crearla. Y antes de pensar que es solamente un objeto, vale la pena escuchar a quienes encuentran en ella una manera de seguir siendo.
Porque mientras existan manos dispuestas a tejer y personas decididas a compartir sus conocimientos, habrá historias que no se dejarán olvidar. Ewa Cart sigue apostándole a ese sueño, con la convicción de que las raíces también pueden abrir caminos hacia el futuro y de que no hay que dejar de ser quienes somos para demostrar todo lo que podemos llegar a construir.