El cóndor de los Andes es el ave voladora más grande del planeta. Con una envergadura que alcanza los tres metros, puede recorrer cientos de kilómetros planeando entre corrientes de aire sin apenas aletear. Algunos estudios han señalado que puede pasar más del 99 % del tiempo de vuelo planeando, gastando una energía mínima. Sin embargo, esa imponencia en el aire contrasta con la fragilidad de su supervivencia en tierra.
En Colombia, el cóndor se encuentra catalogado en peligro crítico. Los censos nacionales más recientes han registrado poco más de 60 individuos, una cifra que evidencia la vulnerabilidad de la especie. Su biología reproductiva agrava el panorama: alcanza la madurez sexual alrededor de los ocho años, pone un solo huevo cada dos años y el cuidado del polluelo puede extenderse por más de doce meses. En ese contexto, la pérdida de un solo individuo representa un impacto significativo para la continuidad de la población.

Puracé: territorio estratégico para la conservación
Ubicado al sur de la cordillera Central, entre el suroccidente del Huila y el oriente del Cauca, el Parque Nacional Natural Puracé alberga ecosistemas que abarcan bosque andino, altoandino y páramo. Este mosaico ecológico, caracterizado por un clima frío y húmedo propio de las zonas montañosas de los Andes colombianos, también se distingue por su cadena volcánica activa conformada por 15 volcanes y por las múltiples fuentes hídricas que abastecen amplias regiones del suroccidente del país.
En este entorno de alta montaña habita uno de los ejemplares más conocidos de la zona: un cóndor macho identificado por la comunidad local con el nombre de “Juancayo”. Su presencia constante en un punto específico del parque ha permitido que visitantes y habitantes reconozcan ciertos patrones de comportamiento y mantengan una relación de observación sostenida en el tiempo.
El cóndor Juancayo
Cada mañana, Juancayo desciende sobre una roca conocida por la comunidad como la “piedra sagrada”, donde mantiene un encuentro cotidiano con miembros de la comunidad indígena que acompañan su alimentación controlada. Este breve intercambio se ha convertido en parte de la dinámica del parque y permite el avistamiento regulado del ave sin alterar de manera significativa su comportamiento natural.

Hasta hace algunos años, el avistamiento incluía a dos ejemplares: Juancayo y un cóndor hembra conocida como “Guambía”. Sin embargo, esta última no ha sido vista en la zona desde hace más de un año. Su ausencia ha despertado preocupación entre quienes frecuentan el parque y entre miembros de la comunidad indígena que han seguido durante años la presencia de ambos cóndores.

Para muchos habitantes del territorio, el cielo de Puracé parece ahora incompleto. La expectativa de volver a ver a Guambía planeando sobre las montañas o descendiendo nuevamente a la piedra sagrada se ha convertido en una esperanza compartida, en un recordatorio de lo frágil que puede ser la permanencia de esta especie en los Andes colombianos.
El cóndor andino no solo tiene valor ecológico. Para los pueblos andinos simboliza la conexión entre el mundo terrenal y el espiritual; su vuelo representa equilibrio entre naturaleza, territorio y comunidad. Esta dimensión cultural refuerza la importancia de su conservación.
El cine documental como herramienta de observación
En este contexto surgió un proyecto audiovisual que documenta el comportamiento de Juancayo en el Parque Nacional Natural Puracé. El documental ¨Juancayo: Historia de un Cóndor¨ registra el encuentro cotidiano del cóndor con el territorio y con la comunidad que lo acompaña, integrando elementos de observación directa y registro paisajístico.
La iniciativa parte de un interés académico por explorar cómo el lenguaje cinematográfico puede contribuir a la divulgación ambiental y a la visibilización de prácticas locales de conservación. Más que intervenir en el entorno, el proyecto busca observar y registrar, respetando los tiempos naturales del ave y las dinámicas propias del parque.

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El proceso de producción implicó retornar al territorio en distintas ocasiones, adaptarse a las condiciones climáticas de alta montaña y comprender que la presencia del cóndor no responde a un guion preestablecido, sino a factores ambientales como el viento, la temperatura y la disponibilidad de alimento.
Conservación y responsabilidad compartida
Las políticas de conservación del cóndor andino en Colombia han incluido programas de monitoreo, estudios genéticos y estrategias de protección en áreas naturales. No obstante, la sostenibilidad de la especie también depende de la relación que las comunidades establecen con el territorio.
En Puracé, la participación de la comunidad indígena en el cuidado y acompañamiento del cóndor evidencia un modelo de conservación que articula conocimiento ancestral y gestión ambiental. El encuentro cotidiano en la piedra sagrada no constituye un espectáculo aislado, sino una práctica regulada que exige respeto por parte de los visitantes.
Un registro para la memoria
Documentar a Juancayo va más allá de capturar la imagen de un ave en su vuelo. Implica dejar constancia de un momento específico en la historia de una especie cuya permanencia en el país no está garantizada.
En un escenario donde sobreviven apenas unas decenas de individuos, cada registro adquiere valor testimonial. El documental se propone, en ese sentido, como un archivo visual de un comportamiento localizado y como una invitación a reflexionar sobre la responsabilidad colectiva frente a la biodiversidad andina.
Mientras Juancayo continúe planeando sobre los volcanes y páramos de Puracé, el equilibrio ecológico del territorio mantendrá uno de sus símbolos más visibles. La tarea pendiente consiste en asegurar que ese vuelo no se convierta en un recuerdo del pasado, como ya ocurre con Guambía, sino en una presencia constante en el cielo colombiano y en las montañas de los Andes.
Para ver el documental completo sobre Juancayo y su presencia en el Parque Nacional Natural Puracé, siga el siguiente enlace.