El aula de la Institución Educativa La Pamba, en Popayán, no se llenó de ruidos ni de discursos altisonantes; se habitó de silencios elocuentes y de manos que, al moverse, comenzaron a derribar muros invisibles. En ese espacio circular se sentaron estudiantes sordos-señantes, docentes, intérpretes, profesionales de la ARN Colombia, seccional Cauca. Un escenario donde, a primera vista, las realidades parecían distantes, pero bastó con mirarse de cerca para descubrir que el tejido que los unía era el mismo: el anhelo de dignidad frente a una sociedad que tantas veces juzga antes de conocer.
El taller, enmarcado en la campaña nacional contra la estigmatización y abrazado por el proyecto de investigación Narrativas de Paz del semillero COMPETIC de la Fundación Universitaria de Popayán (FUP), se convirtió en un refugio pedagógico. A través de dinámicas colectivas, las y los estudiantes compartieron las cicatrices que deja la discriminación diaria. Las manos de María Paula se expresaron con una fuerza contenida pero inquebrantable, traduciendo una vivencia colectiva:
«Hemos sido rechazados, se han burlado de nosotros; pero sabemos que somos personas con muchas capacidades y que tenemos que ser tratados con igualdad, y que las oportunidades deben ser para todos».

En esa misma mesa, al escuchar e interpretar los relatos, el lenguaje de señas encontró un eco inesperado en la historia de un firmante de paz. Los estudiantes reconocieron en el proceso de reincorporación y en los rostros de quienes apuestan por la legalidad una oportunidad compartida para el cambio. Dos comunidades históricamente marginadas o señaladas bajo el velo del prejuicio una por su condición de diversidad funcional y la otra por su pasado en el conflicto descubrieron que la empatía es el puente definitivo hacia la reconciliación.



La importancia de este espacio para la comunidad sorda-señante y para el proceso de construcción de paz radica en tres dimensiones fundamentales:
- La resignificación de la voz a través de la corporalidad: El proyecto visibiliza que las narrativas de paz no pertenecen exclusivamente a la oralidad. Al incorporar la lengua de señas como un vehículo legítimo de memoria, resistencia y propuesta ciudadana, se combate de raíz la violencia simbólica que invisibiliza a la comunidad sorda, posicionándolos como sujetos políticos activos.
- El espejo de la resiliencia y la otredad: Al sentar en la misma mesa a estudiantes sordos y a un firmante de paz, se genera un cruce de subalternidades sumamente potente. La comunidad estudiantil, acostumbrada a resistir las barreras del entorno, empatiza con la vulnerabilidad y el deseo de transformación del firmante. Se pasa del prejuicio al reconocimiento mutuo; ambos grupos demandan de la sociedad lo mismo: una nueva mirada, oportunidades justas y la eliminación de etiquetas y barreras.
- El aula como laboratorio de paz territorial: Para la Institución Educativa La Pamba, este ejercicio transforma el quehacer pedagógico. No se teoriza la paz desde los libros; se experimenta en el encuentro humano mediado por la investigación acción. La alianza entre la academia (FUP), la institucionalidad (ARN) y la comunidad escolar demuestra que la prevención de la estigmatización ocurre cuando nos descentramos de nuestras propias realidades para comprender la humanidad del otro.
Cuando nos miramos de cerca, el miedo al diferente se disuelve. Las manos que se sienten ausentes y solas en la resistencia escolar tambien tejen historias con sentido, un espacio de encuentro donde caben todas las capacidades y todos los futuros posibles, para pintar la paz que los niños, niñas y jóvenes añoran.