En Popayán, donde muchas veces las miradas sobre los jóvenes se quedan en los prejuicios, un grupo de muchachos decidió responder con arte, trabajo comunitario y palabra. Under House no es solo una casa: es un espacio de creación, encuentro y resistencia donde el rap, el hip hop y el graffiti se convierten en herramientas para contar otra versión de la ciudad, una versión hecha por jóvenes que no aceptan ser reducidos a estereotipos.
La historia de la Under House, relatada por Juan David, conocido como Shelo EPK, parte de una idea sencilla pero poderosa: detrás de la ropa, de la estética urbana y de los comentarios discriminatorios, hay personas que trabajan, enseñan, acompañan procesos y construyen comunidad. Desde su casa en Popayán, en el Cauca, han levantado un proyecto que no solo produce música o dibujos en las paredes, sino también dignidad, memoria y conciencia social.
Under House nació como una apuesta colectiva de jóvenes que encontraron en el hip hop una forma de vivir y de nombrar el mundo. Allí el rap no aparece como un simple género musical, sino como una herramienta de expresión política, emocional y territorial. El graffiti, por su parte, deja de ser visto como rayón o señal de rebeldía vacía, para convertirse en una forma de comunicación visual que habla de identidad, de lucha y de pertenencia.

El equipo del colectivo Under House posando con orgullo con su bandera emblema, que representa el lema central de su identidad: «Working Class Kultura»
Esa casa funciona como refugio y plataforma. Es un lugar donde se comparten saberes, donde se escucha, donde se conversa y donde se crean puentes con la comunidad. En vez de encerrarse en la idea de un arte individual, Under House ha apostado por el trabajo colectivo: talleres de rap, talleres de graffiti y procesos pedagógicos con niños, jóvenes y comunidades que muchas veces han sido dejadas al margen de los espacios culturales tradicionales.
La historia de Shelo EPK y de la Under House no se entiende solo desde la música. También se entiende desde la disputa por el sentido. En su relato, el grupo deja claro que ha tenido que enfrentarse a un sistema político y social que los juzga por su forma de vestir, por su estética y por el tipo de cultura que representan. Pero lejos de responder con silencio, ellos responden con creación, trabajo y organización.
Ahí está uno de los puntos más fuertes de su propuesta: demostrar que el arte urbano también es una forma de hacer política. No política partidista, sino política en el sentido más profundo de la palabra: intervenir en la realidad, cuestionar lo establecido y defender el derecho de los jóvenes a existir sin ser discriminados. Su mensaje insiste en que la verdad sobre su trabajo no está en los rumores ni en los malos comentarios, sino en lo que hacen día a día con la comunidad.

Shelo EPK, cofundador de Under House, posa frente a un mural de graffiti que ejemplifica la «huella» visual y la defensa cultural del colectivo en Popayán. La imagen subraya la conexión entre el rap y el arte callejero como herramientas de narrativa juvenil.
En el universo de Under House, el rap y el graffiti no están separados. Ambos hacen parte de una misma forma de sentir el territorio. Mientras el rap pone la voz y el ritmo, el graffiti pone el color, la imagen y la huella. Juntos construyen una narrativa propia sobre Popayán y sobre la juventud que habita sus calles, sus barrios y sus procesos culturales.
Esa relación con el territorio es clave. Under House no aparece como un proyecto aislado o ajeno a la ciudad, sino como una respuesta nacida desde adentro, desde las experiencias de quienes conocen de cerca la exclusión, la desigualdad y la necesidad de abrir espacios para otros lenguajes. En ese sentido, sus talleres no solo enseñan técnica; también fortalecen autoestima, pertenencia y organización comunitaria.
Otro de los elementos que atraviesa su historia es el llamado movimiento obrero, entendido como una forma de lucha desde el trabajo, desde lo campesino y desde la dignidad de quienes sostienen la vida cotidiana con esfuerzo. Esa dimensión amplía la conversación y conecta el hip hop con una visión social más amplia, donde el arte no se separa de las condiciones materiales de la gente.
Para Under House, hablar de movimiento obrero es hablar de resistencia desde abajo. Es reconocer a quienes trabajan la tierra, a quienes levantan comunidad y a quienes no siempre aparecen en las grandes narrativas oficiales. Desde ahí, el grupo propone una lectura de la realidad donde el joven urbano y el trabajador campesino no están desconectados, sino unidos por una misma necesidad de respeto, justicia y voz propia.
Uno de los hilos más potentes del video podcast es la crítica a los estigmas que pesan sobre los jóvenes de cultura urbana. Ser rapero, vestir de cierta manera o expresarse mediante el graffiti muchas veces ha sido motivo de rechazo. Under House responde a eso con una afirmación clara: no todo es como lo cuentan. Detrás de los prejuicios hay personas comprometidas con su barrio, con su ciudad y con los procesos comunitarios.

El rapero en plena actuación en vivo, encarnando la pasión y la resistencia comunitaria que define al colectivo, con el distintivo logo de ‘La Tienda Añanay’ a sus espaldas
Esa idea le da sentido a toda la semblanza. No se trata únicamente de contar quiénes son, sino de mostrar por qué su existencia importa. En una sociedad que suele escuchar primero la apariencia y después la palabra, ellos insisten en invertir el orden: que primero se escuche su trabajo y luego se mire su estética. Esa es, al final, una lucha por el derecho a ser leídos con justicia.
La historia de Under House demuestra que el arte urbano puede convertirse en una escuela de ciudadanía. Sus talleres, sus intervenciones y su trabajo colectivo muestran que el hip hop no es solo entretenimiento: también es formación, comunidad y resistencia. En Popayán, este grupo de jóvenes ha construido una trinchera cultural desde la cual enseñan que crear también es defender el territorio.
Shelo EPK, como vocero de esa experiencia, representa una generación que no quiere pedir permiso para existir. Su relato deja ver que el rap, el graffiti y el trabajo con comunidades no son actividades aisladas, sino partes de un mismo proyecto de vida. Un proyecto que busca dignificar la voz juvenil y recordarle al pueblo que detrás del ruido de los prejuicios siempre hay una historia más profunda, más humana y más transformadora.
Under House es, en esencia, una casa donde la cultura se vuelve herramienta de lucha. Desde Popayán, sus integrantes han hecho del rap una palabra viva, del graffiti una memoria visible y del trabajo comunitario una forma de política cotidiana. Su historia no solo habla de música: habla de jóvenes que encontraron en el arte una manera de decir que sí existen, que sí construyen y que sí transforman.
La fuerza de su propuesta está en esa mezcla de rebeldía y compromiso. Porque en una ciudad donde muchas veces se habla de los jóvenes sin escucharlos, ellos eligieron tomar la palabra y pintar su verdad en la calle, en la música y en la comunidad. Y esa verdad, como su propio trabajo, no pide permiso para quedarse.

Tras bambalinas: la productora gestiona los controles técnicos de audio y video desde la consola externa, mientras se entrevista a Shelo EPK, debaten en la cabina ‘Underhouse’ sobre el rol social del hip-hop.
Escanea el código QR para ver la entrevista completa.
