Qué tan oscuro y cruel ha sido el cáncer de la violencia que sin escrúpulo alguno ha enfermado irreversiblemente a tantos colombianos.
Qué desoladora es la incertidumbre con la que crecen muchos niños y envejecen muchas madres tras la angustia del no saber por qué les asesinaron a un padre o un hijo.
He visto de cerca lo angustiante y desgarrador que resulta para una esposa, una hija y una hermana la injusta y no anunciada despedida de un ser amado.
Esa horrible sensación de no saber cómo anunciar una tragedia y la lacerante desesperación de no poder aliviar su tristeza es algo que marca el alma para siempre.
Esta impotencia de desconocer la verdad detrás de una tragedia ha permanecido en la vida de muchos de nosotros. Lamentablemente, numerosas familias en Colombia han permanecido en una eterna incertidumbre, sin conocer el cómo ni el porqué de tan atroces hechos.
Recuerdo el emblemático caso del señor Raúl Carvajal, quien durante años protestó contra las instituciones y autoridades que, según denunciaba, se negaban a esclarecer el asesinato de su hijo —ejecutado por el ejército tras negarse a participar en un falso positivo— e impedían la continuidad de las investigaciones. Raúl Carvajal falleció a causa del COVID-19 sin llegar a conocer la verdad sobre la muerte de su hijo.
La familia de Raúl se hizo acreditar en la Jurisdicción Especial para la Paz un poco antes de que falleciera. Doris Carvajal dijo ver en la JEP una oportunidad inmensa para que muchas familias pudieran conocer la verdad detrás de las tragedias, y ganar así, un cierto grado de moral y descanso como el que buscaba su padre.

De la Jurisdicción Especial para la Paz hay muchas cosas por discutir y corregir. Pero es importantísimo que escenarios como las audiencias de aporte de verdad y los actos públicos de reconocimiento de responsabilidad se sigan manteniendo, porque demuestran ser espacios honestos de reconciliación y perdón, valores que le hacen mucha falta al país.
Hace unas semanas se hizo viral en redes un video en el que se veía a una madre y una hija abrazando a un exteniente militar responsable de un falso positivo.
El hecho ocurrió en una audiencia de la JEP que se llevó a cabo en Medellín, cuando el militar en retiro Andrés Mauricio Rosero Bravo le dio la cara a la madre e hija de John Darío Giraldo Quintero quien fue asesinado en septiembre de 2006 por orden del teniente.
«Yo sé que no es fácil para usted, para mí tampoco, pero aquí estamos, ustedes asumiendo su responsabilidad y nosotros aquí enfrentando ese dolor, de parte de mi abuela y de parte mía, como muestra de nuestro perdón real y sincero queremos brindarle un abrazo si lo permite y si lo desea» el exteniente rompió en llanto y cayó de rodillas después de escuchar las palabras de Yésica Natalia Giraldo, hija del asesinado.

Yésica Natalia Giraldo
«Esto es un momento que nosotros lo necesitábamos, para poder sanar y dejar salir este dolor»
Episodios así evidencian que existe voluntad real por parte de muchos responsables de crímenes en contribuir a la verdad. Aunque el sistema no es perfecto, estos actos de reconocimiento de responsabilidad han traído tranquilidad y algo de paz a familiares de víctimas y los propios victimarios.
En audiencias como estas es común escuchar declaraciones profundamente sinceras: algunas personas encaran a los comparecientes con cautela; unas evitan el contacto visual, mientras que otras se permiten liberar emociones que permanecieron reprimidas durante mucho tiempo.
«Que la paz de mi hijo descanse sobre ti, yo te perdono». fueron las palabras de la señora Miriam Soreira al brigadier general Sergio Andrés Garzón Vélez de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, que fue responsable de un bombardeo que atentó contra civiles el 13 de diciembre de 1998 en Santo Domingo, Arauca.
Gracias a una audiencia de seguimiento al régimen de condicionalidad y aporte de verdad plena que realizó la JEP, las víctimas del bombardeo pudieron ver el video de la operación aérea. «Diez minutos después de que cayó la clúster estuve sobrevolando la carretera hacia Betoyes y Tame. ¿Qué vi yo? Bastante población civil caminando de blanco. Movían trapos de color blanco y rojo, la gran mayoría tenían camiseta blanca». El brigadier explicó que, desde la aeronave skymaster, unos pilotos estadounidenses advirtieron que se trataba de población civil segundos después del ataque, y señaló que el ametrallamiento duró entre cinco y ocho minutos.
«Sí. Yo en ese momento me convertí en un monstruo. No puedo justificar esa toma de decisiones. Traté de explicarlo, la verdad no tengo cómo responder. Cometí un crimen de guerra, no puedo justificarlo». Señaló el general Sergio Garzón.

Honestamente me preocupa que, en el contexto de las próximas elecciones presidenciales, existan sectores que busquen eliminar por completo espacios como este.
Que sean bienvenidas, sin duda, las propuestas y los debates orientados a fortalecer este marco judicial encargado de tramitar asuntos de alta sensibilidad. Si bien es cierto que algunas personas han instrumentalizado estos espacios para evadir la justicia y desvirtuar los propósitos de la paz, también han existido individuos comprometidos con el esclarecimiento de la verdad, brindando respuestas a víctimas que durante años padecieron la ausencia de esta.
Es una responsabilidad colectiva el preservar la integridad de escenarios como este, rechazar de manera categórica a quienes han instrumentalizado los acuerdos de paz para evadir la justicia y, simultáneamente, visibilizar con orgullo aquellos actos de perdón que se erigen como referentes ejemplares para la nación y la comunidad internacional.
A los esfuerzos por alcanzar un grado de paz mediante la verdad y el reconocimiento deberíamos decirles sí, mil veces sí.