“Don Chepe y la vida que quiere construir lejos de la guerra”
Aquí contaremos una historia que no solo sorprende sino que conmueve y nos refleja que todos tenemos derecho a una segunda oportunidad para reescribir nuestra historia.


La historia de Don Chepe comenzó a cambiar cuando murió su padre. Él tenía cuatro años, su hermana, nueve, y su hermano menor, apenas dos. Su mamá se fue a la ciudad y él junto a sus hermanos quedaron al cuidado de otros familiares. En medio de aquellas circunstancias, su vida tomó un rumbo que terminaría marcándolo para siempre; ingresó a un grupo armado.
Cuando recuerda cómo llegó allí, habla de curiosidad. Quería saber cómo era “la vaina allá”, cuenta. Insiste en que no lo hizo por dinero “Nadie se va por plata. A uno de raso cualquier cosita le dan”.
Ilustración realizada con Inteligencia Artificial
Tenía apenas once años. A esa edad, mientras otros niños comienzan a descubrir el mundo desde la escuela, la familia y los juegos, Don Chepe empezó a conocer una realidad distinta. Recuerda los campamentos, las órdenes y las salidas de madrugada. Podía estar descansando y, de un momento a otro, tener que levantarse para responder a cualquier eventualidad. «Tocaba caminar, recorrer las montañas y continuar sin saber con certeza dónde terminaría el día».
De aquellos años conserva recuerdos diversos. Cuenta que allí los formaban para ser serios y “hacerse hombrecitos” decía. También recuerda las actividades deportivas y las fiestas en las que compartían con civiles. Su relato no está compuesto únicamente de enfrentamientos; hay momentos distintos en una historia que, sin embargo, quedó atravesada por la guerra.
Uno de los momentos que más lo marcó ocurrió cuando el Ejército llegó a un campamento donde se encontraba. Don Chepe recibió varios disparos en las piernas y uno de los proyectiles le atravesó el rostro, afectándole el oído y la vista. Es una experiencia que asegura no olvidar. La guerra no solo quedó en sus recuerdos: también le dejó secuelas físicas que lo acompañan hasta hoy.

La guerra siguió su curso y, con ella, la incertidumbre de no saber qué traería el día siguiente. Entre heridas, recuerdos y un futuro que parecía incierto, los años fueron pasando.
Con los años llegó el proceso de paz de 2016 y, con él, la posibilidad de tomar otro camino. Don Chepe decidió salir. Según cuenta, fue una decisión propia. «Quería disfrutar el tiempo que tenía por delante y vivir de una manera diferente». El proceso de paz que abrió una nueva posibilidad para “Don Chepe» fue resultado de años de negociación entre el Gobierno colombiano y las FARC-EP, desarrollada en La Habana, Cuba. Tras el rechazo del primer acuerdo en el plebiscito del 2 de octubre de 2016, las partes revisaron el texto e incorporaron modificaciones. Finalmente, el 24 de noviembre de ese año, firmaron el Acuerdo Final en el Teatro Colón de Bogotá. Desde entonces, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha desempeñado un papel fundamental en la verificación de aspectos de su implementación, entre ellos la reincorporación de los excombatientes y las garantías de seguridad.
En Colombia, la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) acompaña a los firmantes en su tránsito a la vida civil y apoya iniciativas para su sostenibilidad económica. En el Cauca, donde persisten desafíos relacionados con la seguridad y la construcción de oportunidades, también se han impulsado proyectos productivos para personas firmantes de paz. Sin embargo, para quienes buscan comenzar de nuevo, como Don Chepe, la firma de un acuerdo es apenas el comienzo: construir una vida digna requiere oportunidades reales de empleo, acceso a la tierra y la posibilidad de vivir sin estigmatización.

Sin embargo, dejar las armas no significa que todas las dificultades desaparezcan.
Conseguir trabajo se ha convertido en uno de sus mayores desafíos. Don Chepe expresa que algunas puertas se cierran cuando las personas conocen su pasado. También ha experimentado situaciones de estigmatización en sus relaciones personales y dificultades para regresar a Argelia, donde vivía.
A pesar de todo, continúa buscando la manera de salir adelante. Hoy comparte su vida con su mamá, su hija y su nieta, quienes forman parte importante de su historia. Quiere seguir formándose y tener un empleo estable.
Su inconformidad también alcanza al proceso de reincorporación. Considera que el Gobierno ha incumplido compromisos relacionados con la tierra, la vivienda, la salud y los proyectos productivos. Desde su experiencia, comprende que la voluntad de cambiar es importante, pero no basta por sí sola. También se necesitan condiciones que permitan construir una vida digna y sostener las decisiones tomadas.
Cuando habla de Colombia, Don Chepe expresa su preocupación por la desigualdad, la pobreza y la corrupción. Piensa en las familias que no tienen lo necesario para vivir y, especialmente, en los jóvenes que podrían terminar recorriendo caminos parecidos al suyo.
Por eso, cuando le preguntan si volvería a la vida que dejó atrás, su respuesta es inmediata:
“No volvería a esa vida. Ni loco”
No necesita extenderse demasiado. Habla desde lo que vivió, desde las heridas que conserva y desde la posibilidad de imaginar un futuro diferente. No quiere que otros jóvenes tengan que aprender de la misma manera lo que significa crecer en medio de la guerra.
Su pasado sigue haciendo parte de él, pero no quiere que sea lo único que los demás vean cuando lo conocen. Tampoco pide que se borre la historia ni que se desconozcan las responsabilidades. Lo que espera es que su presente también pueda ser escuchado y que exista la posibilidad de demostrar, con sus decisiones, quién es hoy.
Antes de terminar la conversación, deja una petición para la sociedad:
“No nos estigmaticen. Todos cometemos errores. Ya somos personas de bien”.
Hoy, Don Chepe sigue intentando abrirse camino. Su historia no termina con la firma de un acuerdo ni con la decisión de dejar las armas. Continúa en cada jornada de estudio, en la búsqueda de trabajo, en su relación con la familia y en la esperanza de que su pasado no sea una condena permanente.


